El ciudadano atento
EL BIOTERIO
Dr. Luis Muñoz Fernández
Cuando el Dr. Diego Estrada Luna, profesor e investigador en el Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), me planteó la visita guiada al Bioterio de la Universidad como parte del programa del II Curso Itinerante de Bioética que estábamos planeando entre el Colegio de Bioética y la UAEH, debo admitir que me causó una cierta sorpresa. La idea era incluir la visita al inicio del segundo día del Curso que estaba dedicado a la ética y los animales. Desde ese punto de vista, la propuesta encajaba perfectamente. Y así fue. La visita resultó una gran lección teórico-práctica sobre la ética de la experimentación con animales.
Tras recibir algunas instrucciones, pisar el tapete sanitario (¡oh tiempos de la pandemia!) y registrar nuestra visita guiados por el personal del Bioterio, nos recibió su director, el doctor Héctor Hernández Domínguez, cuya amabilidad va de la mano con sus grandes conocimientos, la pasión por su trabajo y el celo con el que cuida de los animales –ahí llamados biomodelos– con los que investigadores y profesores realizan las tareas respectivas o simultáneas de investigación y docencia.
Tras una conferencia introductoria seguida de un opíparo desayuno, nos dispusinos a conocer las instalaciones del Bioterio, para reunirmos nuevamente en la sala de juntas/aula y continuar con el programa del curso que incluyó las conferencias “Funcionamiento del Comité Institucional para el Cuidado y Uso de Animales de Laboratorio (CICUAL) de la UAEH” (Dra. Abigail García Castro, de la misma universidad), “Dilemas bioéticos actuales de la investigación en animales” (Dra. Anayantzin Heredia Antúnez, de la UNAM) y “Animales no humanos: alteridad invisibilizada” (Dra. Beatriz Vanda Cantón, de la UNAM y el Colegio de Bioética).
Para comprender mejor la estructura, funcionamiento y alcances del Bioterio, recomiendo visitar su página electrónica: https://www.uaeh.edu.mx/bioterio/
No está de más recordar que los animales no humanos sirven a los animales humanos, es decir, a nosotros, como modelos experimentales, gracias a los cuales la ciencia ha realizado importantes descubrimientos que han cambiado la salud y la vida de millones de seres humanos, además de ampliar y profundizar los conocimientos en numerosas ramas del saber.
Desde el humilde y sorprendente Caenorhabditis elegans, un gusano transparente de apenas 1 mm de longitud y las investigaciones que realiza con él la doctora Angélica Saraí Jiménez Osorio, hasta los ratones y ratas que son los huéspedes más visibles del extraordinario Bioterio de la UAEH. Roedores que, lejos de la imagen negativa que nos inspiran las ratas de alcantarilla y los relatos sobre la famosa, aunque no única, epidemia de peste bubónica del siglo XIV, merecen nuestro más profundo agradecimiento y, sobre todo, el esmero y cuidado con el que pudimos constatar que son tratados en aquel lugar, modelo mexicano e internacional de este tipo de instalaciones pensadas y diseñadas para beneficio de la humanidad y del progeso científico.
Llama la atención cómo en el Bioterio se anteponen las consideraciones éticas a las de cualquier otro tipo, incluso a los objetivos primarios de la investigación científica. Bastarán un par de ejemplos. El primero es que el Bioterio de UAEH cuenta en su interior con un “Bioterio Virtual” en el que los alumnos que tienen poca tolerancia al contacto directo con los animales pueden realizar sus prácticas y aprendizajes mediante el uso de audivisuales y otras herramientas educativas. Y el segundo es un espacio destinado a los animales que deben ser sacrificados procurándoles una muerte con el grado más bajo de sufrimiento que es posible, es decir, donde la eutanasia recupera su original y compasivo significado. Ojalá que ese ejemplo cunda en nuestra sociedad.
A quienes estamos habituados a los entornos de la investigación biomédica, esta experiencia nos confirmó que es posible realizar ciencia con ética. Para quienes se dedican a disciplinas un tanto más alejadas de nuestra biología, fue también una experiencia muy estimulante y positiva. Desde aquí damos la gracias al doctor Héctor Hernández, a todo su espléndido equipo, al Dr. Diego Estrada y a las autoridades de la UAEH por haber hecho posible este II Curso Itinerante de Bioetica.
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