El ciudadano atento
PROTEGER A LA MUJER
(segunda parte)
Dr. Luis Muñoz Fernández
El Patronato de Protección a la Mujer fue heredero de una institución anterior, el Real Patronato para la Trata de Blancas, creado en 1902 bajo el amparo de la reina regente María Cristina, tatarabuela del actual rey de España Felipe VI. El objetivo de este fue erradicar el tráfico ilícito de mujeres y sus puestos directivos fueron confiados a mujeres de la aristocracia y alta burguesía. Dice Carmen Guillén: “No deja de resultar paradójico que, para abordar un problema tan estrechamente relacionado con las clases sociales más bajas, con la pobreza y la marginalidad, se confiara sólo en unas élites totalmente ajenas a esa realidad. La distancia social y económica entre las mujeres que dirigían el patronato y aquellas a las que pretendían ayudar generó una desconexión absoluta entre las decisiones tomadas desde la cúpula de poder y las verdaderas necesidades de la población vulnerable”.
En el Patronato de Protección a la Mujer sucedió algo parecido, pues su organización piramidal, cuyos tentáculos se extendieron por toda España, su Junta Nacional, presidida de manera honorífica por Carmen Polo de Franco, la esposa del dictador, la completaba un vicepresidente, un secretario general, un tesorero y un consiliario, “este último designado directamente por la jerarquía eclesiástica”. No se pretendía que tuviesen conocimientos específicos ni técnicos para su labor, solamente que contaran “con gran prestigio moral, autoridad y celo”, lo que les permitiría “llevar a cabo con éxito la tan cristiana y meritoria labor”. Y agrega la doctora Guillén: “Sin embargo, lo más llamativo (o quizá no) es la escasa presencia de mujeres en una institución centrada precisamente en una cuestión femenina. De los casi treinta cargos [del núcleo directivo] sólo tres estaban ocupados por mujeres, siempre ligadas a organizaciones religiosas o a la Sección Femenina [de la Falange]”.
¿Quiénes eran internadas en los centros del Patronato de Protección a la Mujer? «Recordemos que el patronato nació con un objetivo muy claro: la “dignificación” de la mujer caída, un eufemismo que, en origen, vinculaba directamente con la prostitución… La realidad fue que la principal causa de internamiento, sobre todo durante las últimas décadas en las que estuvo activo el patronato, fue sencillamente empezar a pensar de otra forma. Tener una opinión política contraria al régimen, escapar del control familiar, tomar decisiones propias o buscar una vida diferente bastaba para ser considerada una amenaza… En este mismo margen de lo no aceptado se situaban también las mujeres gitanas y las lesbianas que representaban, a ojos del régimen, identidades que se apartaban del ideal de feminidad nacionalcatólica».
Carmen Guillén agrega: «durante los primeros años del franquismo, marcados por el hambre y la desestructuración familiar, el perfil social de buena parte de aquellas internas fue, en muchos casos, el de muchachas pobres, criadas en condiciones marginales, con con recursos muy limitados, que fueron clasificadas en los expedientes como “abandonadas”, “pobres” o “fugadas”, incluso con el término profundamente estigmatizante de niñas taradas». ¿Quiénes las denunciaban y enviaban a los centros del Patronato? “Más allá de las figuras oficiales que componían el Patronato de Protección a la Mujer, fue la propia sociedad la que se convirtió en su mejor aliada… El verdadero éxito de la institución residió en la capacidad que tuvo el régimen para hacer que la población interiorizara las normas impuestas desde arriba hasta el punto de convertirse en una colaboradora activa. El miedo, la vergüenza o incluso la venganza personal transformaron a ciudadanos corrientes en ejecutores indirectos del sistema”. Con frecuencia eran los mismos progenitores quienes pedían su reclusión.
Aunque los órganos directivos del Patronato estuvieron en manos de hombres, fueron las monjas quienes formaron su núcleo operativo y espiritual. “Fueron ellas quienes convivieron con las internas, quienes impusieron las normas cotidianas, quienes aplicaban castigos y, sobre todo, quienes asumían la misión más simbólica de todas, la de la redención moral de las internas”.
Concluiremos la semana próxima con una de las facetas más siniestras del Patronato.
Comentarios a : cartujo81@gmail.com
Artículos anteriores: