El ciudadano atento
LA TAREA SIEMPRE POSTERGADA
Dr. Luis Muñoz Fernández
Pasan los años, los sexenios y las décadas y seguimos estancados en la tarea más importante de una sociedad como la nuestra, tan necesitada de que se eduque como es debido a su niñez y juventud. La nuevas generaciones de cada época ven frustradas sus aspiraciones porque el sistema educativo nacional no les proporciona a los futuros ciudadanos las herramientas necesarias para que puedan desarrollar sus potencialidades por sí mismos, haciéndolos rehenes de modelos de enseñanza diseñados con poco cuidado o, lo que es peor, para servir a los intereses del poder en turno.
Resulta oportuno leer lo que dice Antonio Muñoz Molina en su columna de El Pais de este sábado 17 de enero de 2026 sobre la educación pública en España titulada No enseñar al que no sabe:
“Cabe la triste posibilidad de que la educación, en España, no le importe a nadie, salvo a algunos profesores no vencidos por el desaliento ni aquejados en exceso por las oscuridades depresivas, a algunos alumnos y alumnas misteriosamente poseídos por el deseo de aprender, a algunos padres y madres de convicciones humanistas, y a unos cuantos ilustrados sueltos que siguen sosteniendo la extraña convicción de que el saber es un ingrediente de la libertad y también de la dicha. Son ilusos convencidos de que el ser humano, para alcanzar la plenitud de sus facultades, necesita un aprendizaje en ocasiones arduo que le ayude a comprender racionalmente el mundo, a reconocerse en la humanidad de los otros, a situarse en el espacio gracias a la geografía y en el tiempo gracias a la historia. Sin tal aprendizaje no hay posibilidad alguna de distinguir entre las cosas ciertas y los embustes, entre la astronomía y la astrología, entre la evidencia fiable y la propaganda religiosa o política, entre la justicia y la injusticia, la democracia y la tiranía”.
Creo que se pueden suscribir estas palabras y aplicarlas casi sin modificaciones a la niñez y juventud mexicanas, zarandeadas por una educación pública polarizada entre los extremos ideológicos del neoliberalismo y de un marxismo rancio cuyo adalid se acaba de rebelar contra el titular de la dependencia oficial en la que dice que trabaja, convocando a una insurrección del magisterio con aroma de nostalgia bolchevique. Nada de sembrar en los alumnos la inquietud por el saber ni de ofrecerles a través de los programas educativos lo mejor que ha producido el espíritu humano a lo largo de su historia. Sobre la educación privada y su contribución a la problemática del panorama educativo nacional, tal vez sea motivo de una reflexión futura.
Todo ello movería a risa sino fuese porque el daño que se inflige a las tiernas mentes de las nuevas generaciones no permite ser optimista sobre el futuro de un México, que seguirá estancado en la ignorancia, presa de fanatismos de todo signo que le impiden ocupar un papel destacado en el concierto de las naciones y ofrecerle a sus habitantes, especialmente si pertenecen a los grupos vulnerables, la posibilidad de tomar las riendas de sus propias vidas.
Sigue diciendo Antonio Muñoz Molina:
“El conocimiento no se transmite mecánicamente, como la información que uno copia de la inteligencia artificial. La principal arma de supervivencia y progreso de los seres humanos fue la capacidad de preservar y transmitir las experiencias adquiridas gracias primero a la palabra y luego además a la escritura. Los buenos profesores sufren el descrédito, la postergación y el asedio porque son una barrera, casi la última, contra el triunfo de la ignorancia y la barbarie, de la amnesia colectiva y el cinismo insidioso para el que todo da igual, salvo la ansiosa satisfacción de cualquier capricho instantáneo. Nos quieren ignorantes, groseros, sectarios, ansiosos, apoltronados, narcisistas, aislados cada uno en su paraíso virtual, insolentes y mansos en nuestro aborregamiento colectivo”.
Recordemos aquí las palabras de Jaime Torres Bodet, quien fuera dos veces secretario de Eduación Pública: “Si queremos educar a los niños de México para la libertad y democracia, debemos enseñarles, antes que nada, a ser verdaderamente libres y adquirir el arte de gobernarse a sí mismos”.
En lugar de eso, preferimos enfrascarnos en debates estériles, dejando para mañana lo que debimos haber empezado ayer. El futuro se nos está yendo de las manos.
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