El ciudadano atento
LEONARDO VINIEGRA, MENTOR Y CÓMPLICE
Dr. Luis Muñoz Fernández
Además de médico internista e investigador de la educación médica, Leonardo Viniegra Velázquez (1945-2026) fue un pensador y un destacado teórico de la medicina cuyo campo de batalla en la ciencia y la medicina fueron las ideas, heterodoxas las suyas, que defendió y opuso como alternativas válidas y deseables a las ortodoxas, las aceptadas por el statu quo. Con una visión amplia del marco socieconómico hegemónico, supo esclarecer las razones y los mecanismos de la deshumanización de la medicina, del reduccionismo científico y del afán de lucro asociado a ambos.
Un día de 2012 me pidió mi dirección para enviarme un libro que acababa de publicar: Penetrando el proceso vital: más allá de la adaptación, el azar y la selección natural. Teoría de la interiorización del entorno y la anticipación: una mirada a través de la complejidad. Así escribía Leonardo Viniegra: líneas pletóricas de ideas originales y profundas que obligaban a que el lector tomase aire antes de empezar y se detuviese en varias ocasiones para atreverse con el párrafo siguiente. Su lectura no era fácil, pero rendía frutos que duraban toda la vida.
Desde que regresamos a Aguascalientes en 1992 mi relación con él fue casi siempre a través del correo electrónico. Sin embargo, mi esposa Lucila y yo disfrutamos de su compañía en una reunión de la Asociación de Médicos del Instituto de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán a la que ambos pertenecíamos. Me volví a encontrar con él por última vez en 2019, cuando fuimos ponentes en un breve curso de educación médica y bioética en el Hospital Ángeles de la ciudad de Puebla. En el último mensaje que recibí de él, el 6 de octubre de 2025, me decía lo siguiente:
“Estimado Luis, recibo puntualmente tus envíos de El ciudadano atento con gran interés; en esta ocasión no resisto la tentación de enviarte un artículo de mi autoría publicado hace 40 años en Salud Pública de México que probablemente conozcas. El artículo se titula: Hacia un concepto de salud colectiva, que tiene estrecha relación con Ansia de inmortalidad.
Recibe un abrazo de tu amigo”.
Ese era el tipo de mensajes con los que a veces respondía a mis envíos semanales, siempre aportando algo de su propia cosecha que se hacía eco de lo que yo había escrito. Y es que fue asombroso como, pese a los años transcurridos, su pensamiento seguía dando forma al mío y yo siempre acudía a su nutrida producción escrita para elaborar la propia.
Fue, es y será siempre para mí una fuente de inspiración, de claridad conceptual, de rigor intelectual, de un insobornable juicio crítico y una especial sensibilidad hacia quienes más nos necesitan como médicos, muy lejos de las tendencias que hoy se imponen en una profesión que debería cuidar más que nunca su esencia humana, que es decir su esencia clínica, y que, lamentablemente, está perdiendo con las prisas de perseguir las quimeras de la tecnología y el dinero.
Como ejemplo reciente de su amplio y profundo pensamiento, cito a continuación un párrafo de su artículo El progreso de la medicina y la inteligencia artificial, publicado en 2024:
“A medida que la tecnologización [anteponer el abuso de las tecnologías al razonamiento clínico] va reconfigurando la práctica médica, el tecnofetichismo va ganando adeptos en las nuevas generaciones de médicos que van perdiendo interés por la clínica, debilitando su proceder y acrecentando su dependencia tecnológica; o sea, se va fortaleciendo la tendencia a una práctica médica caracterizada por una relación médico-paciente superficial, despersonalizada, y un ejercicio clínico tosco enmarcado por el uso excesivo, indiscriminado y oneroso de la tecnología disponible. En tales circunstancias, los pacientes, víctimas de esa práctica degradada –disfrazada de científica–, aprenden a sobrevalorar la tecnología y restar importancia al proceder clínico del que son objeto, hasta el punto de convertirse en promotores del uso excesivo de las tecnologías”.
Leonardo Enrique Viniegra Velázquez falleció el pasado 9 de octubre de 2026. Debo seguir difundiendo y defendiendo sus ideas porque así lo entendí cuando me dedicó de su puño y letra aquel libro que me obsequió en 2012: “Para Luis Muñoz, por su complicidad. Leonardo”.
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