El ciudadano atento
ANTES DEL OCASO
Dr. Luis Muñoz Fernández
La frase “La medicina es la más humana de las artes, la más artística de las ciencias y la más científica de las humanidades”, enunciada por el doctor Edmund D. Pellegrino (1920-2013), es casi un lugar común que se cita en numerosos textos y conferencias. Sin embargo, hoy conviene recordarla porque pronto ya no describirá la esencia de nuestra profesión.
Hasta hace relativamente poco el correcto ejercicio de la medicina era un acto esencialmente humano, auxiliado por un componente técnico cuya variedad y alcance fue aumentando con el paso del tiempo, aunque siempre supeditado, al menos en teoría, al juicio clínico y ético del médico.
Hoy somos testigos de la irrupción (o disrupción, como les gusta decir a los fanáticos de la tecnología) de un instrumento tecnológico de naturaleza distinta. Su novedad, potencia, investidura de verdad inapelable, rapidísima evolución (que encanta a los idólatras de la “innovación”), beneficios prometidos y creciente sencillez de uso amenazan con cambiar radicalmente la esencia e imagen pública de la medicina.
Desde luego, nos estamos refiriendo a la inteligencia artificial. Cuando se menciona esta amenaza surgen de inmediato voces tranquilizadoras que nos recuerdan que estamos frente a un instrumento más a las órdenes del médico y al servicio de sus pacientes, similar a las técnicas y aparatos que lo precedieron. Será el tiempo el que lo confirme o lo refute. Y seremos los primeros en celebrar que las halagüeñas expectativas de sus arúspices se vuelvan realidad.
Por eso quisiera dejar un sencillo testimonio sobre esa esencia antes de que se modifique tanto que se vuelva irreconocible para quienes la aprendimos y ejercimos con anterioridad y, sobre todo, para que no la olviden del todo los médicos de un futuro en el que, aventurando un pronóstico que no sabemos si se cumplirá, la medicina se convertirá en una profesión altamente tecnificada cuyo componente humano y artístico será marginado e incluso erradicado.
Muchas son las fuentes a las que podemos acudir en busca de la esencia secular de la medicina, imposible de agotar en estas breves líneas. Hoy escojo a Andrej Szczeklik (1938-2012), un médico e inmunólogo polaco que escribió Catarsis. Sobre el poder curativo de la naturaleza y del arte (Acantilado, 2010) y Core. Sobre enfermos, enfermedades y la búsqueda del alma de la medicina (Acantilado, 2012), prologados respectivamente por sendos poetas polacos, Czesław Miłosz y Adam Zagajewski. Este se refería así al doctor Szczeklik:
“Qué gran suerte que podamos todavía encontrar a un autor que lea a Dante, que entienda (y comparta) las cuitas de antiguos y nuevos poetas, que, sin dejar de ser un lector erudito y humanista, nos ayude al mismo tiempo a acercarnos a la complicada estructura de la moderna teoría médica. Qué placer poder leer un libro que sepa unir una lección competente de la nueva biología con la intuición de un artista que sabe que la salud física, tan necesaria, tan ansiada, a algunos arrebatada trágicamente, no lo es todo, ya que ser una persona presupone preguntarse por el futuro, por el alma, el sentido de la vida, la eternidad”.
En palabras del Dr. Szczeklik:
«La sensibilidad ocupa un lugar muy concreto dentro de la medicina. Por un lado, nosotros, los médicos, tenemos el deber de ponernos una coraza, pues de otro modo no soportaríamos tanta miseria y sufrimiento a nuestro alrededor… Por otra parte, eso entreña un peligro, ya que a la larga puede conducir a la falta de empatía, a la insensibilidad… Es necesario cuidar esa sensibilidad que hay en nosotros, la sensibilidad del corazón… Esa sensibilidad nos permite abrirnos al otro, nos predispone para acogerlo. Los enfermos “abren el horizonte a la compasión. Con su enfermedad y con su sufrimiento inducen a las obras de misericordia y crean oportunidades para ponerlas en práctica”… De este modo, el médico se adentra en el universo del enfermo, un universo repleto de contenidos íntimos, olvidados u ocultados premeditadamente a las personas más cercanas… ».
Creo que esa intimidad sólo puede alcanzarse entre dos seres humanos frente a frente.
Comentarios a : cartujo81@gmail.com
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