El ciudadano atento
LOS NUEVOS PROFETAS
Dr. Luis Muñoz Fernández
Tras La era del capitalismo de la vigilancia. La lucha por un futuro humano frente a las nuevas fronteras del poder (Paidós, 2020), el famoso libro de la psicóloga social y profesora de la Universidad de Harvard Shoshanna Zuboff, Carissa Véliz, una filósofa hispano-mexicana-británica que imparte cátedra en la Universidad de Oxford, publicó Privacidad es poder. Datos, vigilancia y libertad en la era digital (Debate, 2021). Ambas obras giran en torno a lo que se ha llamado la economía de la vigilancia, que comercia con los datos que nos extraen sin permiso –o que les cedemos alegremente a– las computadoras y los demás dispositivos llamados inteligentes que usamos todos los días. Cuando accedemos a las muchas páginas de internet de manera supuestamente gratuita, la mercancia somos nosotros, es decir, nuestos datos personales. Ese poder nos despoja de buena parte de nuestra privacidad y vulnera impunemente nuestra intimidad. Lo hace porque ya nos sedujo.
Muchas cosas han sucedido desde entonces. De todas ellas, la más llamativa es la aparición y popularización de la inteligencia artificial generativa (IA). Instrumento muy poderoso, está ocupando cada vez más espacios de nuestras vidas y seguramente lo seguirá haciendo gracias a las facilidades que ofrece y, sobre todo, a promesas que despiertan tanta expectación como controversia. Además de la solución de muchos de nuestros más acuciantes problemas, incluyendo los que ocasiona la misma tecnología, buena parte de estos augurios anticipan, merced al uso generalizado de la IA, un futuro de ocio y felicidad como no ha conocido nunca la especie humana.
Precisamente de eso trata el nuevo libro de Carissa Véliz titulado Profecía. Lecciones sobre el uso y abuso de la predicción, desde los antiguos oráculos hasta la IA (Debate, 2026). A la par que señala que “la predicción es una parte esencial de lo que nos hace humanos. Lo que nos hace fuertes a pesar de nuestra débil constitución –aparte de unos pulgares contráctiles y el poder del lenguaje¬¬– es nuestra capacidad para predecir acontecimientos. Nos otorga una ventaja competitiva que nos ha ayudado a sobrevivir durante cientos de miles de años”, hace un repaso histórico muy ameno de las prácticas adivinatorias en manos de sacerdotes, augures, arúspices y todo tipo adivinos que han predicho el futuro de las sociedades humanas mediante diversas técnicas a lo largo de los siglos.
En este repaso aparece un proceso muy interesante, el del paso de un mundo “en el que todo era singular y misterioso a otro en el que todo puede catalogarse, contarse y preverse”. Ese nuevo mundo es, hoy más que nunca, el nuestro. Un momento estelar de ese proceso, que cambió para siempre nuestra forma de entender todo lo que nos rodea, fue la aparición del pensamiento probabilístico y de su consecuencia natural: nuestra confianza “en los números como lenguaje objetivo de la naturaleza, como una forma de conocimiento público capaz de sustituir el juicio privado y de fomentar la confianza en quienes toman las decisiones políticas”.
Y aquí es donde Carissa Véliz escribe algo que me parece muy revelador: “La confianza en los números nació en parte en la desconfianza hacia las personas”, y nos explica cómo la estadística fue una disciplina práctica que se desarrolló sobre todo gracias a los burócratas (comerciantes, banqueros, agricultores, militares y recudadores de impuestos) y su necesidad de contar las cosas de manera estandarizada, pero también para disimular un propósito de poder, de dominio sobre los demás seres humanos. Hoy estos personajes se concentran en un puñado de oligarcas tecnológicos que están desarrollando a una velocidad vertiginosa la última y más poderosa de las herramientas contables: la inteligencia artificial.
Véliz nos dice que las predicciones son esencialmente conjeturas, no hechos, que entrañan deseos, tienen que ver con el poder, que a veces son imposibles (no todo, y menos lo más importante, se puede predecir) y que pueden ser dañinas. Más que describir el futuro, son órdenes veladas que obecedemos de manera inconsciente facilitando la aparición de ese futuro que sus promotores desean para satisfacer su sed de poder y de dinero.Y esa obediencia anticipada a los nuevos profetas es la causa de la tragedia política que hoy está socavando por doquier la convivencia democrática.
Comentarios a : cartujo81@gmail.com
Artículos anteriores: