Programa Universitario de Investigación sobre Riesgos Epidemiológicos y Emergentes

 

El ciudadano atento 

EL IMPERIO DE LA BARBARIE

Dr. Luis Muñoz Fernández 

Se agradece la sinceridad. Ya no nos queda la menor duda. Es más que realpolitik. Se trata de codicia pura y dura. Pocas horas después de la incursión militar en Venzuela y la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Donald Trump lo ha dejado bien claro: lo que interesa a su gobierno son los abultados yacimientos petroleros del país sudamericano. De momento, resulta ominoso el silencio, o casi silencio, de los otros dos matones del patio del colegio planetario: Vladimir Putin y Xi Jinping.

No se puede ser optimista sobre el panorama global que se nos viene. Los derechos humanos, la dignidad humana, los acuerdos para la transición ecológica, la ética y la bioética quedan como sueños guajiros frente a las fauces y las garras de las bestias del poder. Volvemos a la ley de la selva que creímos haber dejado atrás. Fue solamente el interludio entre dos etapas de oscuridad. Dejamos atrás las dos guerras mundiales y otras masacres bélicas y raciales del siglo XX. Por delante, lo que estamos empezando a ver con mayor claridad: el dominio global y la manipulación masiva de la opinión pública con el auxilio de la tecnología y episodios como el venezolano. Estamos entrando a un terreno en donde todo despropósito, todo cinismo y toda crueldad tendrán su asiento. La barbarie.

¿Quién o qué sigue? Desde luego, lo que ya podemos afirmar en esta parte del mundo es que las víctimas propiciatorias somos los que no hablamos inglés como lengua materna y los que en la lotería genética no nos ha tocado una piel suficientemente blanca para los estándares de los eugenistas de nuevo cuño como el propio señor Trump. Codicia, dije, sí, y racismo también. Nada nuevo. Por más que nos esforcemos, para los amos no somos, en el mejor de los casos, sino mano de obra desechable.

La actitud actual de Norteamérica frente a la Unión Europea, a la que antes se sentía unida por lazos de origen hoy menospreciados y destruidos, se apega a estas palabras de Jean-Jacques Rousseau:

“Resumamos en cuatro palabras el pacto social entre dos estados. Vosotros me necesitáis, porque yo soy rico y vosotros sois pobres; establezcamos, pues, un acuerdo entre nosotros: yo os permitiré que tengáis el honor de servirme, a condición de que me deis lo poco que conserváis a cambio del pesar que me causa el ser vuestro amo”.

Y lo triste es el temor reverencial que la mayoría de los líderes europeos le dispensan al inquilino de la Casa Blanca. Y él los trata como los ancianos padres que, tenidos por un estorbo, se mandan a un asilo para que pasen allí sus últimos días y se extingan en silencio. Donald Trump está desmantelando a gran velocidad todo compromiso de los Estados Unidos para frenar el cambio climático. Al contrario, con lo que acaba de ocurrir en Venezuela queda claro su deseo de impulsar el consumo creciente de combustibles fósiles. Nos empujará al caos.

En realidad, como la mayor parte de los líderes políticos, Donald Trump es solamente una fachada. Su conducta errática e impredecible trasluce su inmadurez patológica, su puerilidad. El poder está en otro sitio y no lo elegimos democráticamente. Basta recordar a los barones tecnológicos rodeando a Trump en la ceremonía de toma de posesión de su segundo período presidencial. Ahí es donde hoy se concentra el poder. Para ellos, el presidente es un instrumento temporal. Esto es lo que dice Giuliano da Empoli, sociólogo y asesor político en La hora de los depredadores (Seix Barral, 2025):

“Los conquistadores de la tecnología han decidido desprenderse de las antiguas élites políticas. Si alcanzan sus objetivos, los liberales y los socialdemócratas, los conservadores y los progresistas, todo aquello que estamos acostumbrados a considerar como el eje sostenedor de nuestras democracias será barrido de un plumazo… Su filosofía de vida no se basa en la gestión competente de lo que ya existe, sino más bien en unas tremendas ganas de cargárselo todo. El orden, la prudencia, el respeto a las reglas son anatema para quienes se han entrenado moviéndose rápido y rompiendo cosas, según reza de divisa de Facebook”.

Comentarios a : cartujo81@gmail.com

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