El ciudadano atento
PROTEGER A LA MUJER
(primera parte)
Dr. Luis Muñoz Fernández
Con gran acierto el escritor Juan Eslava Galán puso como título Los años del miedo (Planeta, 2008) al segundo libro de su tetralogía sobre la Guerra civil española, la posguerra, la etapa de desarrollo durante la dictadura de Franco y la transición a la democracia (Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie, De la alpargata al seiscientos y La década que nos dejó sin aliento, Planeta, 2005, 2010 y 2011, respectivamente). En efecto, tras la guerra civil, las primeras décadas de aquellos años oscuros se caracterizaron por el miedo cerval de los ciudadanos a las autoridades, especialmente si estas los acusaban de ”desafección al régimen (la dictadura)”, lo que podría llevar a la pérdida del empleo con la consecuente miseria, el encarcelamiento, la tortura, el exilio o la muerte
El conocimiento detallado de aquella etapa de la historia reciente de España, hoy más necesario que nunca ante la ignorancia y desmemoria colectivas, se ha visto enriquecido por la obra Redimir y adoctrinar. El Patronaro de Protección a la Mujer (1941-1985) (Crítica, 2026), de Carmen Guillén Lorente, doctora en Historia Contemporánea y profesora de Historia de la Ciencia en la Facultad de Medicina de la Universidad de Castilla La Mancha. Este libro es el fruto de una tesis doctoral por la que obtuvo la calificación cum laude.
En el primer capítulo, titulado Contexto franquista y mujer, la doctora Guillén afirma que siempre le preguntan qué fue el Patronato de Protección a la Mujer. En lugar de decir qué fue, le parece que primero debemos saber por qué existió, porque “su historia no empieza con sus estatutos ni en sus edificios, sino en la red de creencias y valores que justificaron su existencia”. Por tanto, para comprender mejor el fenómeno del Patronato es indispensable situarlo en un contexto más amplio:
“Y ese engranaje fue una sociedad forjada en el miedo, la culpa y la vigilancia mutua. Una sociedad donde la represión estaba incrustada en la vida cotidiana. Donde se desdibujó la frontera entre crimen e inmoralidad. Donde ser mujer significaba caminar sobre un suelo minado de normas invisibles”.
Fue así como el franquismo tendió un cerco de vigilancia y restricción en torno a las mujeres gracias a la concurrencia de varias organizaciones como la Sección Femenina de la Falange (partido político que hoy consideraríamos neonazi), la Acción Católica, el Auxilio Social, la Obra de Redención de Mujeres Caídas y el Patronato de Protección a la Mujer, todas bajo la férula de varias órdenes de religiosas. ¿Por qué resultaba tan importante el control total del pensamiento femenino?:
“En una sociedad donde la mujer era la encargada de la crianza y la educación de los hijos, su fidelidad al régimen constituída una pieza clave para la perpetuación del mismo. Al estar relegadas al ámbito doméstico, ocupadas en el cuidado familiar, su papel como transmisoras de valores era esencial para asegurar la continuidad del franquismo en las nuevas generaciones. La mujer no sólo fue un objetivo prioritario de la represión, sino también un vector de transmisión de esa misma represión. El discurso franquista las situó en un espacio muy concreto: el hogar, lo privado, los cuidados. Y todos los mecanismos de control diseñados específicamente para ellas tenían el mismo propósito, convencerlas de que ese era su único lugar posible”.
Todo esto suena a algo superado, pero no es así. Hoy, sobre todo a través de las redes sociales, ha resurgido un movimiento de influencers denominado tradwives (de traditional wives, esposas tradicionales en inglés) que fomenta “la entrega absoluta a las tareas del hogar, la crianza de los hijos y el cuidado de sus parejas”. «Los videos y fotos que suben a sus perfiles, que van desde recetas caseras hasta consejos sobre cómo ser una “buena esposa”, tratan de vender una imagen idílica de feminidad y promesas de felicidad doméstica». No fue un invento del franquismo, pues “la tradwife hacía mucho tiempo que existía, estaba arraigada en la realidad social y profundamente ligada a la moral católica, que dictaba el lugar natural de la mujer en el hogar, al abrigo de los suyos y a la sombra de su marido”.
En la segunda parte conoceremos lo que fue e hizo el Patronato de Protección a la Mujer.
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