Programa Universitario de Investigación sobre Riesgos Epidemiológicos y Emergentes

 

El ciudadano atento 

HACE NOVENTA AÑOS

A mis mayores, que sufrieron mucho y me lo dieron todo.

Dr. Luis Muñoz Fernández 

Mientras escribo estas líneas, el sábado 18 de julio de 2026, se conmemora el nonagésimo aniversario del inicio de la Guerra civil española (17/18 de julio de 1936 – 1 de abril de 1939), un acontecimiento que, aunque yo no viví, afectó la vida de mi familia y fue motivo de innumerables conversaciones entre mis mayores. Mi hermano y yo nacimos en Cataluña porque nuestros padres se conocieron allí al verse desplazados para salvar sus vidas durante aquella guerra fratricida. Hoy los recuerdo con amorosa gratitud porque, habiendo padecido tantas privaciones, nunca permitieron que su sufrimiento llegara hasta nosotros y siempre nos procuraron el amor y las condiciones materiales para que tuviésemos una buena vida.

Se ha escrito y se sigue escribiendo muchísimo sobre el origen, desarrollo y las consecuencias a corto, mediano y largo plazo de aquel conflicto. De toda esa producción literaria quiero destacar hoy a un periodista extraordinario que por décadas fue marginado y sus palabras silenciadas porque tuvo la objetividad suficiente para ser detestado por los dos bandos que se enfrentaron en aquella guerra, especialmente el bando vencedor, encabezado por el dictador Francisco Franco Bahamonde (1892-1975), de infausta memoria.

Me refiero a Manuel Chaves Nogales (1897-1944), cronista, escritor y, según algunos, el mejor periodista español del siglo XX. Gran viajero, supo tomarle también el pulso a las fuertes tensiones que sufría Europa en aquellos años en los que iniciaba su recorrido histórico el comunismo ruso y emergían los fascismos alemán e italiano, cómplices de Franco en la Guerra civil española y la dictadura en la que desembocaría tras su final. Por fortuna, su obra escrita, dispersa en periódicos y libros publicados fuera de España, ha sido rescatada gracias a diversas inciativas y personas. Entre ellas destaca María Isabel Cintas Guillén, doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla, que prologa la obra más famosa de Chaves, A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España (Libros del Asteroide, 2011):

“Demócrata antes de cualquier otra consideración política; enemigo de los extremismos de izquierdas y de derechas; partidario del diálogo que había sido pisoteado por ambos bandos contendientes; herido en su alma por la contemplación de la masacre causada por la guerra, Manuel Chaves Nogales defiende una postura que muy pocos se atrevían a defender en el momento: encuentra que, por encima de todos los problemas que acosaban a la sociedad, dos fuerzas se habían enfrentado en el suelo español para imponer sus criterios, ambas extrañas al país y ambas seno de acogida de todo tipo de seres deplorables, que se amparaban en los miles de combatientes, de uno y otro lado, que actuaban movidos por convicciones, ellos sí. Dos ideologías prepotentes y ambiciosas”.

El propio Chaves Nogales, que pronto se percató que era inútil seguir en España y se exilió con su familia a Francia hacia finales de 1936, escribió con lúcida convicción:

“El resultado final de esta lucha no me preocupa demasiado. […] Es igual. El hombre fuerte, el caudillo, el triunfador que al final ha de asentar las posaderas en el charco de sangre de mi país y con el cuchillo entre los dientes […] El hombre que encarnará la España superviviente surgirá merced a esa terrible e ininteligente selección de la guerra que hace sucumbir a los mejores. ¿De derechas? ¿De izquierdas? ¿Rojo? ¿Blanco? Es indiferente. […] Rojo o blanco, capitán del ejército o comisario político, fascista o comunista, probablemente ninguna de las dos cosas, o ambas a la vez, el cómitre que nos hará remar a latigazos hasta salir de esta galerna ha de ser igualmente cruel e inhumano”.

Y lo fue, qué duda cabe. Lo sufrieron muchísimos españoles, entre ellos mis mayores. Por eso no puedo dejar pasar esta fecha para rendirles una vez más mi más profundo agradecimiento, porque a mi hermano y a mí nos protegieron de las reverberaciones de aquella carnicería.

Comentarios a : cartujo81@gmail.com

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