El ciudadano atento
FUERA DEL REBAÑO
Dr. Luis Muñoz Fernández
Somos testigos de una poderosa tendencia a borrar los rasgos distintivos de cada uno de nosotros, que confunde la unidad (trabajo en común desde la diversidad) con la uniformidad. Se nos empuja a ver el mundo de una sola manera, a leer (es un decir) los mismos libros, a viajar a los mismos lugares, a tener las mismas opiniones, a comprar y vestir en las mismas tiendas y a entretenernos en las mismas plataformas. Es paradójico sólo en apariencia que esa homogeneidad se alcance fragmentando el conocimiento, aislando a las personas y fomentando el individualismo a ultranza.
Aunque compartir proyectos puede llevar a desilusiones y quebrantos, soy partidario de los esfuerzos desarrollados en común sin importar lo que cada uno piense. Es lo contrario de otras formas de organización social que tienen un talante dogmático y una estructura rígida que ahoga todo intento de iniciativa individual. También es lo contrario de aquellas agrupaciones de conveniencia en las que no se hace nada de provecho, cuyos miembros, vacuamente orgullosos de su pertenencia, se prodigan alabanzas mutuas. Mantenerse al margen de la corriente mayoritaria conlleva el estigma de la herejía que se paga con la maledicencia o el silencio desdeñoso y hasta con el ostracismo. Ante ese panorama, si se desea ser fiel a las propias convicciones es necesario porfiar con voluntad indeclinable.
El jurista y escritor Antomio Pau pone en valor a los disidentes en su obra Herejes (Trotta, 2020):
«Los herejes, los disidentes del pensamiento común, obligan a poner en duda las ideas generalmente admitidas que sobreviven en muchos casos por inercia. Los disidentes mejoran el pensamiento del que disienten. Quizás por esa razón escribió san Pablo: “Conviene que haya herejes”. Y Eugenio d’Ors añadía: “Y conviene precisamente en interés de la fe. La fe es combate, y no hay combate donde no hay enemigo”. Se trata de una constatación histórica: la fe se fue perfilando a golpe de herejía… Pero aquella idea –oportet haereses esse– es generalizable: es bueno que haya rebeldes, que haya contradictores, que haya disconformes, que haya discordantes, que haya insatisfechos, que haya discrepantes. Porque hacen mejor a la sociedad entera».
Y más adelante añade:
“En una época como la nuestra, en que hay temor de expresar lo que se salga del pensamiento único y en que la conducta se procura mantener en el cauce de lo políticamente correcto, los herejes son un modelo. Un auténtico modelo de comportamiento social”.
Hoy a los herejes ya no los amenaza la hoguera ni el garrote vil. Se les ahoga en un mar de información-basura centuplicada por la inteligencia artificial –slop es la nueva palabra– y se les cubre con el manto de la indiferencia general. Indiferencia deliberada de quienes detentan el poder e inconsciente de los millones de distraídos cuya mirada ha secuestrado el scroll infinito. Ser hereje en la actualidad exige un ejercicio de reinvención para que la discrepancia se haga manifiesta y ejerza su efecto de contrapeso al pensamiento hegemónico que cada vez comparten con asombrosa complacencia más personas. La labor homogeneizadora de la batidora digital se impone con rapidez.
Éric Sadin, el filósofo francés experto en tecnología, escribe lo siguiente en Hacer disidencia. Una política de nosotros mismos (Herder, 2023):
“¿Acaso no vemos que si la mayoría de nosotros nos hemos debilitado no es sólo por las condiciones de vida cada vez más duras, sino también por el consumo frenético de todas esas tecnologías digitales, que acaparan nuestra energía con el único propósito de la satisfacción personal? Todos estos dispositivos hábilmente desarrollados por cierta industria, que nos inducen a replegarnos sobre nosotros mismos tanto física como mentalmente, a vivir de forma disminuida y a creernos parte del curso del mundo, mientras aporreamos sin cesar el teclado, aislados frente a la pantalla”.
Ser hereje en nuestros días requiere una visión amplia de la realidad para detectar y evitar las finas hebras de la telaraña que todo lo envuelve, incluyendo los falsos disidentes que alimentan la ilusión de libertad en medio de esta nueva forma de esclavitud que por sutil no es menos poderosa.
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