El ciudadano atento
Ansia de inmortalidad
Dr. Luis Muñoz Fernández
El pasado 2 de septiembre de 2025 se conmemoró en varios países el octogésimo aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial. Con este motivo, el presidente chino Xi Jinping convocó a varios presidentes de países aliados para celebrar el acontecimiento, a la par que exhibía en un desfile el temible poderío militar de aquel país. En aquel momento, acompañaban a Xi Jinping Vladimir Putin, presidente de Rusia y Kim Jong-un, presidente de Corea del Norte.
Xi y Putin conversaban sin advertir que estaban frente a un micrófono abierto, lo que permitió conocer el contenido de aquella conversación privada. Así lo relató el periódico español La Vanguardia:
«… se escuchó al traductor de Putin decir en chino: “La biotecnología está en continuo desarrollo”. El traductor añadió, después de un pasaje inaudible: “Los órganos humanos pueden trasplantarse continuamente. Cuanto más se vive, más joven se vuelve, e incluso se puede alcanzar la inmortalidad”.
En respuesta, se escucha a Xi, quien estaba fuera de cámara, responder en chino: “Algunos predicen que en este siglo la humanidad podría vivir 150 años”».
Uno de los mayores anhelos de los seres humanos es vencer el límite que les impone la muerte. En la cultura Occidental la muerte se concibe como una anomalía y, desde el punto de vista médico, como un fracaso. Hoy en día, los avances de la ciencia y la medicina nos hacen pensar que ese objetivo está más cerca que nunca. Es lo que nos dice Manuel Serrano Martínez, médico internista y vicedecano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra:
“Por otra parte, la vejez no es deseada por nadie. Todos consideramos que tenemos o hemos tenido una edad ideal, cada uno la suya, y ahí hubiera sido deseable permanecer estables, sin envejecer. Este es el motivo de todos los interminables intentos históricos que hoy redoblan los embates tecnológicos para encontrar la fuente de la eterna juventud o el hallazgo de la panacea que restaure nuestra mejor salud y nos dote de la anhelada inmortalidad. Este es, y no otro, el motivo de las actividades mágicas: la juventud, el poder, la omnipotencia del hombre. Que no se aceptan los límites es obvio en todas las etapas históricas. Ahora, tras el Siglo de las Luces, que borró la ignorancia y la superstición, se instauró, y aún dura, el imperio de la razón por la que el hombre basa en la ciencia la expectativa de alargar su duración vital y la interrupción del envejecimiento, confiado ahora a una nuevo dios tecnológico posmoderno”.
Para algunos esta ansia de inmortalidad raya en la obsesión y de la conversación entre los presidentes de Rusia y China se desprende justamente eso: una obstinación en mantenerse vivos para no cederle el poder a nadie. No parece algo sano. Algunos podrán decir que esa inconformidad con aceptar los límites de nuestra condición humana que hoy permea todas las capas sociales es algo deseable porque conduce al progreso, al crecimiento personal. Puede ser, pero me temo que no es así en todos los casos, sobre todo a la luz de muchos ejemplos que no terminan en un final feliz.
Por otro lado, creo que dicha inconformidad sí explica fenómenos como el transhumanismo y el auge actual de la cirugía plástica y su mala imitación, la medicina estética. He escuchado a reputados dermatólogos preocupados de que su disciplina, antaño por entero dedicada a diagnosticar y tratar las enfermedades de la piel, está derivando hoy y cada vez más hacia la cosmética y sus múltiples técnicas, especialmente entre las nuevas generaciones de especialistas de esta rama de la medicina. Valga señalar aquí que tanto la cirugía plástica y reconstructiva como la dermatología, practicadas con estricto apego a la ética profesional, siguen prestando invaluables servicios a los enfermos.
¿Son ciertas nuestras expectativas de extrema longevidad e inmortalidad? Según Pascal Bruckner, lo que hasta el momento nos ha ofrecido la medicina es la prolongación de la vejez. No es lo que deseamos. Queremos más vida con la mejor salud. Eso todavía no es posible. Toca esperar.
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