El ciudadano atento
MI QUERIDO CHATBOT
Dr. Luis Muñoz Fernández
Pedro Salazar Ugarte, que codirige con Pablo Pruneda la Línea Investigación en Derecho e Inteligencia Artificial (LIDIA) en la UNAM, dedica el último capítulo de su muy recomendable libro Totalitarismo total. La reconfiguración del poder en tiempos de la Inteligencia Artificial (Taurus, 2026) a lo que él llama “El problema del amor”, que muy bien pudo haber titulado “El amor en tiempos de la profunda soledad del metaverso”. Para mí, es un capítulo profundamente inquietante.
En él se reconoce con tristeza que desde hace algunos años atravesamos por una epidemia de soledad que afecta a vastos sectores de la sociedad. No es descabellado asociar, por lo menos en parte, ese fenómeno con el uso creciente de las redes sociales, sobre todo con la exposición prematura a estos espacios virtuales en los que, pese a la posibilidad prácticamente ilimitada de comunicarse con seres humanos en cualquier parte del mundo, sus usuarios asiduos sufren un aislamiento social y una sensación de soledad que tiene un impacto perjudicial en su salud mental.
Ante ese panorama, un número cada vez mayor de personas está recurriendo a los llamados bots (acortamiento de robot en inglés) conversacionales, mejor conocidos como chatbots, programas informáticos, ahora dotados de inteligencia artificial, que imitan nuestra capacidad para conversar. Pedro Salazar nos muestra algunas de esas conversaciones, algunas incluso con tintes románticos, y nos entera de programas que pueden imitar a la perfección nuestra voz y hacer llamadas telefónicas a nuestros seres queridos, reemplazándonos en esa tarea cuando nosotros estemos cansados o no tengamos tiempo para interesarnos personalmente en ellos. Ojo, palabras clave: imitar, reemplazar.
También cita el reporte de un estudio realizado con estudiantes de educación media de los Estados Unidos de Norteamérica que se publicó en octubre de 2025: “el 43% le pide al chatbot de su preferencia consejos sobre sus relaciones personales; el 42% le solicita apoyo para su salud mental; el mismo porcentaje lo considera una amistad que le brinda compañía o lo usa para escapar de la vida real y refugiarse en una realidad virtual; el 19% lo busca para entablar una relación romántica”.
Y agrega:
«Pablo Pruneda piensa que nos dirigimos hacia un mundo en zel que un creciente número de personas desarrollarán un vínculo afectivo con su chatbot equiparable a una relación amorosa, incluso a pesar de entender que dicha relación es unilateral pues su “ser amado” carece de consciencia […] En un futuro no muy lejano a esos chatbots se les va a dotar de corporalidad, lo que permitirá llevar esas relaciones amorosas a un siguiente nivel, en el que se podrá experimentar placer físico pleno sin las complicaciones que muchas veces conllevan las relaciones sexuales entre personas […] El punto es relevante porque todo indica que tarde o temprano, para ciertas personas, amar al algoritmo podrá resultar preferible a enfrentar los retos que impone la vida en pareja».
Para alivio mío, Pedro Salazar remata el párrafo anterior con esta frase: “Sigo pensando que el amor verdadero es otra cosa”. No puedo estar más de acuerdo con él. Ningún hardware ni software puede ofrecer verdadero amor, por más que simule hacerlo. Otra cosa es que creamos que eso es amor o que por las razones que sean nos conformemos o nos veamos orillados a buscar ese sucedáneo.
En un artículo publicado el pasado lunes 27 de julio de 2026 en El País, firmado por el periodista especializado en tecnología Manuel G. Pascual y titulado Amigos digitales con IA, la nueva amenaza para la salud mental de los adolescentes, podemos leer lo siguiente:
“Los psicólogos advierten de que la suplantación de vínculos humanos por relaciones digitales puede tener efectos profundos en el desarrollo emocional […] En algunos casos, el desenlace puede ser fatal. Como Sewell Setzer, de 14 años, que se quitó la vida tras comentar esa posibilidad con un personaje sintético creado con Character.ai del que estaba locamente enamorado e interpretar algunos de sus comentarios como una invitación a hacerlo”.
La pregunta que debemos formularnos es: ¿en qué sociedad vivimos y qué tipo de personas somos para que tengamos que buscar amigos sintéticos y prefiramos enamorarnos de un algoritmo?
Comentarios a : cartujo81@gmail.com
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