El ciudadano atento
ATAR EN CORTO
Dr. Luis Muñoz Fernández
La expresión del título la he escuchado en la serie de televisión/telenovela española –sí, yo tambien veo telenovelas– titulada Valle salvaje (Josep Cister Rubio, 2024), ambientada en la España del siglo XVIII. La pronuncia varias veces el personaje José Luis Gálvez de Aguirre, duque de Valle Salvaje, que sobre todo dirigida a su primogénito Julio, casado con Adriana Salcedo de la Cruz y Millán, una mujer adelantada a su tiempo que se niega a seguir el modelo de mujer y esposa al que le obligan las costumbres de la época. Así, atar en corto es “controlar o vigilar a alguien de cerca, limitando su libertad de acción”. Lo que el duque le exige a su hijo es que meta en cintura a su esposa, que la someta a su arbitrio y que la obligue a obedecerlo en todo sin rechistar.
Parece cosa del pasado, pero no lo es. Lo seguimos observando entre nosotros hoy, disfrazado con sutileza y aceptado no sólo sumisamente, sino hasta con orgullo, como parte de “la manera correcta de pensar”, por un número significativo de mujeres, sin importar su clase social. Ese control sobre la mujer tuvo una de sus más notables y terribles expresiones en la España del siglo pasado, durante la longeva, represora, retrógrada y sanguinaria dictadura del general Francisco Franco, episodio histórico que padecieron mis mayores, cuyos estertores me tocó vivir en persona y que hasta la fecha sigue despertando en mí un vivo interés. Vale la pena adentrarse ello porque, entre otras cosas, tiene más resonancias actuales de las que nos gustaría admitir.
Carmen Martín Gaite (1925-2000) fue una escritora española que en 1987 ganó el Premio Anagrama de Ensayo con la obra Usos amorosos de la posguerra española (Anagrama, 1987) en la que describe la tipología de la mujer durante la dictadura franquista. Lo hace con humor pero dejando ver el modelo de mujer que no sólo se prefería, sino que se impuso a la fuerza mediante el miedo y la coerción. Hoy la juventud española, ayuna de memoria y conocimiento, piensa que aquel período de la historia reciente fue mejor que el que se vive en la actualidad. Y lo mismo sucede en el resto de Europa, donde los partidos de ultraderecha resurgen con fuerza, alentados por las potencias rusa y norteamericana, cuyos líderes encarnan la versión moderna de aquellos fascismos de antaño.
Desde mediados de 1939, nos dice Martín Gaite, quedó “prohibido mirar hacia atrás. La guerra había terminado. Se censuraba cualquier comentario que pusiera de manifiesto su huella, de por sí bien evidente, en tantas familias mutiladas, tantos suburbios miserables, pueblos arrasados, prisioneros abarrotando las cárceles, exilio, represalias, economía maltrecha… Habían vencido los buenos. Había quedado redimido el país. Ahora, en la tarea de reconstruirlo moral y materialmente, teníamos que colaborar con orgullo todos los que quisiéramos merecer el nombre de españoles”.
¿Y qué papel deberían jugar las mujeres en todo ello? Así nos lo explica la escritora:
“Se daba por supuesto, efectivamente, que ninguna mujer podía acariciar sueño más hermoso que el de la sumisión a un hombre, y si decía lo contrario estaba mintiendo”.
Y transcribe una cita de 1941 publicada en la revista femenina Medina:
“La vida de toda mujer, a pesar de cuanto ella quiera simular –o disimular–, no es más que un continuo deseo de encontrar a quién someterse. La dependencia voluntaria, la ofrenda de todos los minutos, de todos los deseos e ilusiones es lo más hermoso, porque es la absorción de todos los malos gérmenes –vanidad, egoísmo, frivolidad– por el amor”.
Sobre dicha revista se expresa también Alfonso Pinilla García, profesor titular de Historia Contemporánea en la Universidad de Extremadura:
“Sumisión, servicio y sacrificio son los valores transmitidos para una mujer que debe ser —sobre todo— esposa, madre y servidora de la Patria. En clara inferioridad respecto al hombre, la vida de la mujer se circunscribe al cuidado del hogar y de los hijos, y su vida pública se limita a comulgar y colaborar con los intereses del Régimen”.
Pero el testimonio más demoledor y siniestro nos lo acaba de revelar la doctora en Historia Contemporánea Carmen Guillén. Sobre ello daremos detalles la semana próxima.
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