El ciudadano atento
LA ANTIÉTICA
Dr. Luis Muñoz Fernández
El filósfo Emilio Lledó nos dice en Memoria de la ética (Taurus, 2015) que le ética nace como un privilegio de la mirada:
“Fue como un privilegio de la mirada. El descubrimiento de que el instinto de protección para el propio cuerpo, para la propia vida, tenía que completarse en el aprendizaje de las formas de relación hacia los otros. Una superación, en el espacio de lo colectivo, de los límites marcados por el egoísmo de la naturaleza. Como el privilegio de la mirada cuyo sentido consiste en traspasar la frontera de su solitaria claridad, ver otras otras cosas fue, en el fondo, reconocer que los ojos existen para llenarse de lo que no son ellos mismos, y que ver es, sustancialmente, aceptación e incluso sumisión a la alteridad [al otro, a los otros]… Ser hombre supone, por tanto, la inevitable proyección comunicativa, el esencial enlace con la alteridad como “otro semejante a sí mismo”.
Pienso en ello al terminar de ver la película Núremberg (James Vanderbilt, 2025), que gira en torno a la relación entre Hermann Göring, el segundo nazi en importancia después de Adolf Hitler, y el psiquiatra Douglas Kelley, cuya misión es desentrañar el estado de la salud mental del primero en lo que inicia el juicio que lo condenará a muerte por crímenes de guerra y contra la huamnidad. Lo que finalmente lleva a esa condena es el hecho de que Göring estuvo perfectamente enterado de las atrocidades cometidas contra los judíos, gitanos, opositores políticos y otros muchos más que fueron torturados y asesinados en los campos de concentración.
Aunque la película contiene elementos de ficción revela la inquietante realidad de que los jerarcas nazis como Göring fueron incapaces de ver en sus enemigos cualquier atisbo de humanidad. Para ellos los judíos estaban muy por debajo del nivel de cualquier animal no humano. Eso explica sus ideas a favor de los animales domésticos y salvajes (Josef Mengele jamás experimentaba con animales) y la conservación de sus espacios naturales, especialmente los bosques. A esta incapacidad de ver, aceptar y asumir al otro la podríamos llamar “antiética”.
¿Quiénes eran esos judíos? Eran, sobre todo, los que vivían en Polonia, Rusia y otros países del Este de Europa, de ahí que se les llamase los Ost-Juden, los judíos orientales. En Judíos errantes (Acantilado, 2008), citado por Siegmund Ginzberg (Síndrome 1933. Gatopardo, 2024), Joseph Roth los describe como gente que “desea abandonar ese país donde cada año puede estallar una guerra y cada semana un pogromo [linchamiento multitudinario]”; personas que “emigran a pie, en tren o por mar a países occidentales donde los espera un nuevo gueto, quizá algo mejor pero no menos inhumano, preparado para acoger en sus tinieblas a los nuevos huéspedes que han escapado semivivos de las vejaciones de los campos de concentración”. Inmigrantes como los que hoy representan para varios países desarrollados, en especial para los Estados Unidos, una amenaza a su seguridad, a su esencia y a su futuro. Vuelven los discursos y las acciones del fascismo del siglo XX.
En el siglo XVI, Carlos V les consultó a los frailes dominicos Franciso de Vitoria y Bartolomé de las Casas sobre de la naturaleza de los indígenas americanos. La conclusión ofrecida por ambos fue que los indios eran hombres libres, sin diferencias con los europeos, lo que derivó en la promulgación de las Leyes de Indias. Entre 1550 y 1551 se reunieron en Valladolidad Fray Bartolomé de las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda para discutir sobre la licitud de la conquista de los territorios americanos y el sometimiento de sus habitantes. Aunque tan brillantes aportaciones a favor de los indígenas americanos no siempre fueron respetadas por los conquistadores ni por los colonizadores, sentaron un precedente legal y moral importante en favor de los derechos e igualdad de todos los seres humanos.
La antiética no es privativa de ningún país. Atraviesa a lo largo y a lo ancho toda la historia humana y explica buena parte de los horrores que se han cometido desde siempre. Es bueno recordarlo justo hoy, cuando se impone de nuevo la ley del más fuerte, nos sacuden los bombardeos asesinos y se desprecia todo lo que sufrieron las generaciones pasadas. Aquella ciega locura está de vuelta.
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