El ciudadano atento
EL OJO DE SAURON
Dr. Luis Muñoz Fernández
Fue el doctor Luis Oñate Ocaña, cirujano y buen amigo, el que, cuando ambos éramos médicos residentes en el Instituto Nacinal de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, me introdujo en el universo literario de J.R.R. Tolkien (1892-1973), autor, entre otras obras, de la saga El Señor de los Anillos. Recurro ahora a la Guía completa de la Tierra Media de Robert Foster (Minotauro, 1999) para refrescar mi memoria sobre las Palantiri: palabra proveniente del quenya (el idioma de los elfos según Tolkien) que significa “las que ven desde lejos”. Las Palantiri eran esferas de cristal que permitían a su poseedor ver lo que sucedía en lugares distantes, mantener una estrecha comunicación con quien tuviera otra de estas esferas y el poder de manipular sus pensamientos. En El Señor de los Anillos, Sauron (“el Abominable”) poseía una Palantir que usaba para vigilar y viciar a sus enemigos. De hecho, Sauron acabó teniendo la forma de un ojo gigantesco y vigilante.
Como dijimos la semana pasada (https://www.heraldo.mx/las-ideas-detras-de-la-locura/), Palantir Technologies es una empresa que desarrolla sistemas informáticos basados en la inteligencia artificial para vigilar a los ciudadanos y detectar a los enemigos en las guerras. No sólo acaba de cerrar un contrato con el Departamento de Guerra (antes de Defensa) de los Estados Unidos, sino que los tiene con múltiples instancias de aquel gobierno y con los de otros varios países.
Alex Karp, director ejecutivo de Palantir, publicó en febrero de 2025 el libro The Technological Republic. Hard Power, Soft Belief, and the Future of the West (La República Tecnológica. Poder duro, creencia ligera y el futuro de Occidente). Se dice que lo redactó con inteligencia artificial y como toda expresión inpirada en la Ilustración Oscura tiene una lectura difícil. Hace apenas unos días que publicó en X un resumen en forma de un manifiesto con 22 puntos. Pese a su brevedad, me ha parecido confuso, aunque reconozco que ha provocado un auténtico revuelo en varios círculos. El economista y exministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis, autor de Tecnofeudalismo. El sigiloso sucesor del capitalismo (Deusto, 2024. Ariel, 2026), dijo al leer el manifiesto que “Si el Mal pudiera tuitear, esto es lo que diría”. Y el filósofo belga Mark Coeckelbergh señaló que el texto es un “ejemplo de tecnofascismo”. Por su lado, en días pasados el periódico español La Vanguardia publicó lo siguiente:
«El manifiesto autoritario de Palantir merece ser leído con atención. La empresa plantea despojar al Estado tradicional de poderes para que una empresa decida quién es el enemigo, y actúe. Es un jaque a las formas democráticas que nos hemos dado. Una enmienda a la célebre frase de Churchill: “La democracia es el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los demás que se han inventado”. La República Palantir propone una reconfiguración del equilibrio entre empresas, gobiernos y ciudadanos. En el universo Karp, las grandes tecnológicas no solo deberían colaborar con el Estado, sino que también deberían integrarse en su funcionamiento, hasta convertirse en piezas esenciales de su capacidad operativa. Es un paso más en el ultraliberalismo».
No estoy seguro si debamos tomar en serio el manifiesto o si su objetivo sea llamar la atención y generar controversia como parte de una campaña publicitaria para atraer más inversionistas, pero conociendo el ideario de Palantir y de Peter Thiel, su principal accionista, creo que es mejor poner atención. Una pregunta pertinente aquí es: ¿existe alguna relación entre la tecnología y la política?
El hecho de que las palabras cibernética, gobierno y gobernanza compartan la misma raíz etimológica griega (kybernetes, el timonel que dirige un barco) ya nos dice algo. Mark Coeckerlbegh afirma sin ambages que la inteligencia artificial es política. Y coincide con Daniel Traça, director de la afamada institución académica empresarial Esade, señalando que la inteligencia artificial nos beneficiará siempre y cuando desarrollemos paralelamente instituciones sólidas con líderes solidarios que encaucen esta tecnología, contengan los riesgos que le son inherentes y limiten el poder y la codicia de quienes la desarrollan. No creo que los herederos de Sauron estén por la labor.
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