El ciudadano atento
UNA AMALGAMA INQUIETANTE
Dr. Luis Muñoz Fernández
El pasado lunes 1° de junio los miembros del Colegio de Bioética celebramos nuestra reunión mensual y tuvimos la fortuna de escuchar a Pedro Salazar Ugarte, licenciado en Derecho y doctor en Filosofía Política adscrito al Instituto de Investigaciones Jurídicas del UNAM, del que fue director y en donde junto al Maestro Pablo Pruneda Gross coordina la Línea de Investigación sobre Derecho e Inteligencia Artificial (LIDIA).
¿Por qué he escrito, escribo y seguramente seguiré escribiendo sobre la inteligencia artificial? Porque estoy convencido –y en esto también coincido con Pedro Salazar– de que estamos en un momento clave de la historia de la humanidad, porque no creo que esta tecnología sea éticamente neutra, porque no es equivalente a ninguna de las tecnologías previas que hayamos desarrollado y porque tiene un poder muy superior, cuyos límites todavía no conocemos de todo, al de cualquier otra invención humana. Todo esto ocurre hoy, nos envuelve, y por eso es difícil percibirlo con claridad.
Por todo lo anterior, recominedo amplimente la lectura de un libro que el doctor Salazar acaba de publicar. Se trata de Totalitarismo total. La reconfiguración del poder en tiempos de la Inteligencia Artificial (Taurus, 2026). El subtítulo no anticipa la totalidad de su contenido, en el que el autor explora con brevedad y contundencia la interacción de la inteligencia artificial no sólo con el poder, sino también con la creatividad, la responsabilidad, la guerra y hasta con el amor y las relaciones. Desde las primeras líneas ya nos advierte que no pretende ser una obra exhaustiva, lo que es imposible dada la extraordinaria y acelerada mutabilidad de esta tecnología. Es un tratado conciso y accesible de algunas de las facetas de la inteligencia artificial que al autor le han preocupado especialmente.
Me interesa compartir particularmente lo que Pedro Salazar escribe sobre la relación de la inteligencia artificial con el poder. El relato de una cena celebrada el 14 de septiembre de 2025 en la que Donald Trump reunió a los empresarios de las principales empresas tecnológicas de los Estados Unidos me recordó lo que cuenta Éric Vuillard en El orden del día (Tusquets, 2018). En esa novela, los grandes industriales alemanes se reúnen con Adolf Hitler para ofrecerle su apoyo económico de cara a su inminente ascenso al poder. Aquellas eran fortunas familiares que habían atravesado generaciones. Las que describe Pedro Salazar son recientes, amasadas a gran velocidad durante los últimos años. Son los nuevos ricos del momento actual, los tecnoligarcas de Silicon Valley:
“En la mesa estaban hombres que podían anunciar inversiones de 600 mil millones de dólares […] Ellos, con Trump a la cabeza, buscan el liderazgo mundial que puede traducirse en una idea: quieren gobernar el mundo”.
El Dr. Salazar cita al sociólogo y filósofo Max Weber (1864-1920), que describió las tres esferas del poder: “el poder económico, que se ejerce a través del control de los recursos materiales y de los medios de producción; el poder ideológico, que opera mediante la persuasión, la cultura, la religión y los sistemas de creencias que moldean la conducta de las personas, y el poder político, que se concreta en la capacidad de crear, aplicar y hacer cumplir normas, con el respaldo de instituciones que detentan el monopolio legítimo de la fuerza”.
No es exagerado decir que los líderes más importantes de las empresas desarrolladoras de la inteligencia artificial carecen de escrúpulos. Son inmensamente ricos –Elon Musk no sólo es muy rico, es el hombre más rico de toda la historia de la humanidad–, manipulan sin disimulo la conducta de millones de seres humanos adictos a las plataformas digitales y, por si fuera poco, están aliados con los políticos más poderosos e inmorales de la actualidad. Esos a los que Pedro Salazar, citando al jurista turinés Michelangelo Bovero, incluye en la kakistocracia, el gobierno de los peores.
Los tecnoligarcas, con su poder económico e ideológico, han seducido al poder político. Los tres poderes amalgamados amenazan a la democracia y, si el desarrollo de la inteligencia artificial no toma otro rumbo, acabarán erosionando irreversiblemente la condición humana.
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